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Ago 21 2007

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En torno a requerir el trabajo comunitario en las escuelas

Me parece esencial estimular en los estudiantes el trabajo comunitario y el espíritu de ayuda fuera del salón de clases. Entiendo que el proceso educativo no está completo sin este elemento. Por eso me causa gran satisfacción leer sobre un proyecto piloto en las escuelas de Puerto Rico mediante el cual unos “1,290 estudiantes de 65 planteles públicos alrededor de la Isla que participaron de un proyecto piloto para incentivar el trabajo voluntario y comunitario”.

A partir de este semestre  se le requerirá 40 horas de trabajo comunitario  a todos los estudiantes durante sus tres años de escuela. Y es aquí donde tengo mis dudas ya que a veces pienso que convertir el trabajo comunitario en requisito es contraproducente. ¿Debemos obligar a nuestros estudiante a ayudar al prójimo? ¿Debemos darles crédito por hacer lo que se espera que hagan de forma “natural”? ¿No estaremos de cierta forma creando una sociedad que ayuda a los demás porque no le queda otro remedio?

Y en otras áreas hemos tenido experiencias que nos hacen sospechar de lo que  se hace de forma obligatoria. Cuando se obliga a leer, muchos terminan odiando la lectura. Cuando se obliga a asistir a la escuela, se termina detestando la misma.

Tal vez lo importante es crear los ambientes para que se de el trabajo comunitario voluntariamente. Unos 1,290 estudiantes se motivaron a ayudar de forma voluntaria. Y como muy bien dice una de las estudiantes que participó de este proyecto: “Esto no debemos hacerlo porque nos lo piden, sino porque nosotros sí queremos mejorar nuestra sociedad en nuestra Isla, debemos poner un poquito de nuestra parte”. Me parece importante escuchar su recomendación.

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1 comentario

  1. José Navarro

    Mario:

    Comparto tu opinión. Parte de la propia naturaleza del trabajo comunitario, dentro de este contexto, es ser voluntario. Como dicen nuestros estudiantes, que sea un trabajo “de cora”. Se debe crear el ambiente para que los estudiantes lo hagan, ayudarlos en su gestión, pero no obligarlos. Esto puede desvirtuar la forma en que los estudiantes perciban la labor comunitaria.

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